Héctor Miguel Ángeli ARGENTINA

 

MUSGO Y LETARGO
(del libro "Frutas sobre la mesa" )

Decía yo en algún aniversario de mi aparición:
la tierra no me cubrirá,
un pájaro siempre rasgará la trama del polvo,
el musgo no será letargo.
Decía yo pero hoy digo
que la tierra me cubrirá,
que un pájaro será asesinado antes de volar,
que el musgo será letargo.
¿Por qué he cambiado?
                      A quién
debo preguntar por la azarosa inconstancia?
Aquí estoy todavía,
como el mayor esfuerzo.
Se aceptan respuestas.


MANO EN EL PAISAJE

La mano desolada de un hombre
sobre un árbol
puede todavía creer,
sobre una parva
puede todavía sonreír
a los maniáticos insectos,
sobre la perpetua llanura
esa mano
ya se cierra en un puño desafiante
y ya no es mano.
Es una rata herida
cansada de andar y andar
entre sitio y fecha
sin descubrir morada alguna.



LA VISITA

Quién es usted? Quién es usted?
Sin duda un intruso en mi delirio.
Le donaré tres favores:
el ámbito de guerra,
la idea original
y el prestigio de la forma.
No me diga después que no sabía.
Si se queda,
descubrirá
que el último minuto es un garfio.
Y el primero?
¡Ah, el primero ya pasó...
y olía a jazmines.


LA PERLA

Como una perla incinerada
en el campo del gusto,
abyecta de ilusión,
no masacrada,
sino disuelta
en sus frágiles cenizas,
así
mi último día en la noche
se atreve a reflejarme,
así,
como una perla marchita
en el océano
devorada después,
pero espléndida antes,
antes, mucho antes
de brindarme vida.


CUANDO LLEGAS

Estás en la levedad,
tana apenas y a lo sumo
en tu pétalo de aire,
en tu augurio de pequeña sombra.
Brizna podrías ser
-o no, demasiado-
ceniza tal vez,
pero nunca cinturón de acero,
porque hablo ahora de tu llegada
                             y no de tu partida,
hablo tan sólo
de cuando llegas sigilosamente
y en la bruma
-y ni siquiera todavía en la bruma-
                             preparas
la maleza del recuerdo y del olvido.

 
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