Rubén Balseiro - ARGENTINA


 

EQUILIBRIO

El equilibrio entre los dos
no radica en quedarnos abrazados,
tampoco en el sabor de los recuerdos.
Nada tiene que ver con besos y caricias,
ni con la etimología de la palabra amor.

El equilibrio entre los dos
no existe.
Es una absurda búsqueda,
es perdernos en un camino sin salida,
en un abismo de dolor perpetuo.

Nuestro amor, sólo  radica en los desequilibrios,
como el mar que con furia golpea al muelle
      o lo besa.


EL ABISMO

La verdad de la vida no está en la superficie
sino en el fondo del abismo
y si bien no queremos caer en el vacío,
el vacío nos llama,
nos invita a ese viaje  por los límites mismos
del hallazgo o la muerte.
El amor es un vértigo que gira y nos envuelve
y vamos hacia él y desde él venimos.

Todo camino implica  perdernos en el viaje;
todo viaje supone,  olvidar el camino.

    


ENTRE EL TIC Y EL TAC

Entre el tic y el tac                    del reloj,
hay un silencio.
En  el podrían caber todas los gritos,
en el podrían caber todas las penas,
todas las suplicas y todos los reproches.

Entre el tic y el tac                   del reloj,
podrías matar a un hombre,
reconstruir un gesto ya olvidado,
abrazar a un amigo
para decir aquello que jamás has dicho.

Entre el tic y el tac                  del reloj,
podrían suceder todas las cosas,
menos el tiempo,
el tiempo solo ocurre en el tic o en el tac.

Entre el tic y el tac                  del  reloj,
tuviste una esperanza,
pero no lo recuerdas.

   

SÓLO EL HOMBRE

La luna ignora que es la luna,
el pez su devenir en alimento,
la roca no vislumbra su futuro de arena.
Sólo el hombre se sabe abandonado
en un mundo que le es propio y ajeno.
Sólo el hombre descubre su camino
lacerando sus pies en el hallazgo.
Inventamos a Dios en un abrupto,
arrebato de angustia y de silencio
y rogamos a él,   aunque no escuche; 
elevamos un canto de esperanza
que mitigue la sombra de la muerte.

Yo supe de un dolor que me punzaba

y escribí estas palabras,  que son polvo.

 

SOBREVIVIENTES DEL OLVIDO

Qué quedará después…
si el río de los hombres que corre por la calle
se olvida de la sombra del niño y de su mano.
Qué quedará después…
si mi palabra esquiva
no puede deletrear las silabas de un cuento,
que dejó de ser cuento
para ser un detalle,
que ya no es mas detalle
para ser un desgarro,
un manotazo último de un dios que esta muriendo.

A mi lado el café
como si fuese incienso ahúma mi mirada,
la vuelve neblinosa.
Es una mordedura el desgarrado otoño
y apenas si nosotros
somos sobrevivientes del olvido,                                         
de un tiempo ya sin magia.

(Si Dios hizo este mundo,  debió de estar cansado)

 

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