Mónica A. Hernández - ARGENTINA


 

Puerto de almendras
Las pupilas de hiedra
El paso sin suspenso
acorrala el asombro
La manecilla acusa los hábitos del dia
No hay recreo en los labios
para el sorbo de un momento inútil.

Entre el asfalto y el olvido, en esta regata con el alma
un avistaje de ternura moja mi pestaña
Los fantasmas claudican en la fugaz extensión de este milagro
que vé en mí lo que las lunas callan

Una sonrisa
me va licuando el pecho.
Se me ofrece sin trueque
Se aleja,voltea quiere verme
Insiste en celebrarme.
Soy por un instante buena.

Me demoro en ese muelle
Sin amarres ni memoria
En un puerto de almendras
En los ojos de un niño

 

I

No bebas de un sorbo el licor de tus fases
No te embriagues de miedo
Reconoce la daga fria que abre labios en tus manos
Tu boca generosa que se va comiendo la noche
El dominio de fuego donde te preñas de luz
Tu zona secreta, pesada y profunda como la nada.

II

No abandones el fuego nómade,
el olor de los sueños,
el tránsito infinito que descama los soles
Un cuerno en la distancia reasigna la incerteza
empobrece el instante pero ensancha el misterio.
Dos cuescos húmedos germinan en tus ojos.

 


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