Cristina Pizarro - ARGENTINA


 

                        

ESPECTRO

La muerte es un retorno
en este microcosmos de paredes nauseabundas y cerrojos herrumbrados, enmohecidos,
el agua esquiva envuelve los cuerpos desnudos
mientras la queja permanece intacta al compás de la música solitaria.

Surge el terror.
La pesadilla ante el espejo
del instante repentino y la drástica señal
¿Quién soy?
¿Ya no soy?

Unos pedazos desencajados
van paso a paso 
                        hacia el final inevitable.

Aparece el horror.
La soledad
                  en la ausencia feroz
empuña su sable de diamantes.

La quietud recobra su valor,
el silencio entre los amantes rompe su cruel carcasa.

Por qué el cansancio entierra los recuerdos tenebrosos
Por qué el dolor comete el crimen
y la ira golpea los ojos de la razón.
Miro atrás desde la antesala misteriosa.
Veo y no veo.
El terror choca contra el terror
Ese indeseable horror, espanto,
A no saber
A lo sucedido, a lo que se termina
en el tiempo agotado.

Miro hacia adelante,
Me persigue el terror,
Ver un nuevo rostro
Una cara diferente
Una imagen desconocida

Sentir el temor a convertirse en un espectro frío y caduco.
Este cuerpo encriptado con candados
es una vasija en sombras
 un cofre que escucha tras los resquicios cada palabra enlodada,
 una cámara que observa cada gesto, cada mirada.

Recuerdas en el ayer,
la infancia era un preludio que entretejía con puntillas la tristeza inexorable.

Ahora,
la rebelión silenciosa
                                 se cubre de flores
en la tierra y de estrellas en el cielo.



 

YO, CRISTINA PIZARRO
                                       A Guillermo, mi alma.


Desde el latir de mis sienes
y la quebradura de esta llaga,
quiero decir que amo la historia
inventada por mí.

No sé si hubiera podido fabricar la dicha
que flamea entre las paredes blancas y el cristal
con los reflejos del árbol,
sin la presencia condenada
a esta vida sin reposo.

No sé si hubiera podido poseer
para mí sola
el mundo entero.

Soy un gesto errante
                                      en la llanura.

Soy un cuerpo muy cercano
al humo
cuando se incendia el día.
Soy una catedral
y veo
a través de mis vitrales
las raíces poderosas de tierras extrañas.

Me fusiono al despertar de rostros nuevos
y encubro mi personaje
para descubrirme
                                y seguir amándote.

Soy un disfraz
en el pavor de la perla solitaria
hallada
               en ruinas
en las aguas con escarcha.

Oigo a lo lejos
el llanto del exilio
cubierto por la niebla
de mis ojos.

Sé que después de arrancarle espinas
al viento
estuve prisionera de abrazos innombrables.

Y elegí perpetuar 
junto al susurro de tu voz.

La vida
            sigue siendo.

 

 

 

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