Nancy Lamberto - ARGENTINA


                       

El tiempo inexorable I

Nombres deshojados
vuelan hasta mis manos
como pájaros protegiéndose
en días de tormenta.

El viento golpea las ventanas
un brillo de lluvia
llega desde mi infancia
cuando cierro los ojos.

Mientras un Ángel
entra en los dominios
de la noche.

Contemplo el Universo,
camino las estaciones
donde los seres mueren o nacen.

Debo zurcir la soledad
hasta el grito de la herida
 la íntima pena
amarra un lamento
desde la cruel ausencia.

¿Dónde está la mesa amada
con mis seres queridos?
La oscuridad del tiempo
me la ha robado.

Voces de ceniza
se escuchan
en el teléfono.
Destellos de mi infancia
consumidos, por relojes de humo.

Hoy, nadie pasa por esta calle
tal vez, yo solo sea
una aparición
en esta tarde desierta.

 

 

El tiempo inexorable II

Quizás el destino
sea un espejo roto
contra el infinito frío
de una puerta cerrada.

O una marca del mundo
en calendarios que se queman
mientras los días regresan a la frente
desde un inmenso mar
donde se perdió la dicha.

Algo me golpea la nuca.
¿Será que todo regresa?
El manzano en el fondo de mi casa,
el ruido de los trenes
besando los labios de la distancia.
La niebla sobe las baldosas del patio
y  una higuera, perdidos en el tiempo.

Entre esa niebla
los ángeles envían una música
que se convierte en luz
sobre los ojos de la tarde.

Entonces, tomo mis fragmentos
e inicio el último viaje
que marca la memoria.

Ingreso a los ojos
infinitos de un pájaro
fuente de luz en su mirada.
Abro la ventana
a un sitio en el mundo.

Nadie espera
ningún puente, ni puerto,  ni horizonte.
Miro a mi propia mujer de papel
las manos desnudas
como lo eterno.

Hoy soy apenas:
un fósforo que se apaga
bajo la lluvia del tiempo,
una gota de sangre seca
en medio de un páramo
que grita su silencio.

 

 

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