Beatriz Zuluaga COLOMBIA

CÓMO DUELE ESE AMOR

Cómo duele ese amor
que se aposta en la esquina
y se pinta la boca
se menea, pide y discute,
pone precio
y llora todas las mañanas
sin que nadie lo sepa.


SI PREGUNTAN POR MÍ

Si preguntan por mí...
diles que salí a cobrar la vieja deuda
que no pude esperar que a la vida
se le diera la gana de llegar
a mi puerta.
Diles que salí definitivamente
a dar la cara sin pinturas
y sin trajes el cuerpo.
Si preguntan por mí...
diles que apagué el fuego,
dejé la olla limpia y desnuda la cama,
me cansé de esperar la esperanza
y fui a buscarla.
Diles que no me llamen...
Quité el disco que entretenía en boleros
el beso y el abrazo
la copa estrellé contra el espejo
porque necesitaba convertir
el vino en sangre
ya que jamás se dio el milagro
de convertirse el agua en vino.
Si preguntan por mí...
diles que salí a cobrar la deuda
que tenían conmigo el amor,
el fuego, el pan, la sábana y el vino,
que eché llave a la puerta
y no regreso.

¡Definitivamente diles
que me mudé de casa!



 
DÉJAME RECOSTAR MI SED

Déjame recostar mi sed
junto a tu boca.
Deja la quietud de mis pies
al borde de tus poros
Déjame con esa voz que sólo yo conozco
descansa ya, detente
no es posible seguir
en busca de más llanto.
Sí, quiero una paz
que se levante diaria
junto a mi sombra,
que vuelvan a mi mesa
el vino, el pan
y a mi lecho el amor.
Desde ahora descansará mi arco,
no más flechas de guerra
en los atardeceres solos.
No más la inútil impaciencia
de rogar un verano,
ni las manos a tientas
buscando recelosa mi propia piel.
Devuélveme en tu rostro
la verdad de mis ojos
y empieza a recorrer mi sangre,
en un solo latido,
como cuando se piensa un hijo.
Dame el asombro renovado
de tu palabra y también
el silencio que clausura la angustia.
Levántame el milagro del olvido!

 



TE AMO POR LO QUE ERES

Un huracán de trópicos,
un campo impredecible
una luz que baja ansiosa
a fundirse en el rayo
del deseo.
Tú moldeas mi carne
y soy brizna leve que se mece
al poder de la música en tus dedos.
Mi hombro, palomar
para tu arrullo,
mi voz una plegaria de la sangre
y tú, brujo del amor, llegas
al aquelarre con la pócima
agridulce de los besos
malabarista para la vibrante
cuerda del amor.
Rito viejo como el tiempo,
como el mundo,
pero siempre deslumbrante
en la palabra cuando dices:
hágase la luz
y yo inauguro el sol
en mitad de mi sexo
y me decido a reinventar el mundo
o lo que es más: a desafiar a la muerte.

Te amo por lo que eres
me amo por lo que soy
cuando estoy contigo.
                   

 
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