SOBRE LA MURALLA DEL TIEMPO LA PALABRA MAS ALTA
Cesare Pavese
- ITALIA (1908-1950)

EL PARAÍSO SOBRE LOS TECHOS

Versión de C. Viola Soto

Será un día tranquilo, de luz fría
como el sol al nacer o al morir, y el vidrio
cerrará fuera del cielo la luz sucia.

Se despierta una mañana, de una vez para siempre
en la tibieza del último sueño: la sombra
será como la tibieza. Colmará la habitación
a través del ventanal un cielo más grande.
Desde la escalera subida un día para siempre
no llegarán más voces ni rostros muertos.

No será necesario abandonar el lecho.
Solo el alba entrará en el cuarto vacío.
Bastará la ventana para vestir toda cosa
de una claridad tranquila, casi luz.
Posará una sombra descarnada sobre el rostro.
Los recuerdos serán grumos de sombra
aplastados como viejas brasas
en el sendero. El recuerdo será la llama
que aún ayer mordía en los apagados ojos.

 



VENDRÁ LA MUERTE Y TENDRÁ TUS OJOS

Versión de R. Alonso

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos
esta muerte que nos acompaña
de la mañana a la noche, insomne,
sorda, como un viejo remordimiento
o un vicio absurdo.
Tus ojos serán una vana palabra,
un grito callado, un silencio.
Así los ves cada mañana
cuando sobre ti sola te inclinas
en el espejo. Oh esperanza querida,
ese día sabremos también nosotros
que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.
Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.
Será como dejar un vicio,
como ver en el espejo
resurgir un rostro muerto,
como escuchar unos labios cerrados.
Descenderemos al abismo mudos.


 



TRABAJAR CANSA


Atravesar una calle para escapar de casa
lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que pasea
todo el día por las calles, ya no es un muchacho
y no escapa de casa.
Hay en el verano
tardes en que hasta las plazas están vacías,
tendidas bajo el sol que está por caer, y este hombre, que llega
por una avenida de inútiles plantas, se detiene.
¿Vale la pena estar solo, para estar siempre más solo?
Dando vueltas, las plazas y las calles
están vacías.
Hay que detener a una mujer
y hablarla y decidirla a vivir juntos.
De otro modo, uno habla solo.
Es por eso que a veces
hay un ebrio nocturno que comienza diálogos
y narra los proyectos de toda su vida.
No es ciertamente esperando en la plaza desierta
que se encuentra a alguien, pero quien pasea las calles
se detiene cada tanto. Si fuesen de a dos,
aun andando por la calle, la casa estaría
donde está esa mujer y valdría la pena.

De noche la plaza vuelve a estar desierta
y este hombre, que pasa, no ve ya las casas
entre las luces inútiles, no alza más los ojos:
sólo siente el empedrado que han hecho otros hombres
con las manos duras, como las suyas.
No es justo quedarse en la plaza desierta.
Seguro que andará por la calle esa mujer
que, rogándola, eche mano a la casa.



 
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