Charles Bukowski ESTADOS UNIDOS

Traducción de Federico Ludueña.

INFORME METEOROLÓGICO


supongo que está lloviendo en alguna ciudad de España
ahora
mientras estoy sintiéndome tan mal.
me gustaría pensar eso
ahora
vamos a un pueblito mexicano-
suena lindo:
un pueblito mexicano
mientras me estoy sintiendo
tan mal
las paredes amarillas por el tiempo-
esa lluvia
ahí afuera,
un cerdo moviéndose en su chiquero en la noche
molestado por la lluvia,
pequeños ojos como brasas de cigarrillo,
y su maldita cola:
¿lo ves?
no puedo imaginar a la gente.
es difícil para mí imaginar a la gente.
quizás se sientan tan mal como yo o
casi tan mal.
me pregunto qué hacen cuando se sienten mal.
probablemente no hablen de eso.
dice,
"mirá, está lloviendo".
es la mejor manera.

 


EL ÚLTIMO TABURETE DE LA BARRA

siempre estudié la madera de las
barras, la textura, las rayas, las
quemaduras de cigarrillo.
había algo, pero yo
no podía imaginar
qué era
y eso me alentaba a seguir.

otra cosa era mirar mi
mano alrededor del
vaso.
hay algo acerca
de la mano de uno sobre
un vaso, que es suave
y fascinante.

y por supuesto, esta otra:
todos los borrachos la hacían:
agarrar y con la uña del dedo gordo
raspar lentamente la etiqueta
de una botella de cerveza
que estuvo en hielo derretido.

fumar era bueno
también, especialmente a la mañana
temprano, con las persianas a
tu espalda, el humo se enroscaba y formaba
figuras divergentes.
esto te daba una sensación de
paz
y más, más aún,
si había una de tus viejas
canciones favoritas
emanando de la
fonola.

y si el barman era viejo
y un poco cansado y un poquito
sabio
era bueno ver dónde
estaba o qué hacía-
lavando copas o recostado
sobre la caja registradora o apurándose
un trago
o cualquier otra cosa
era siempre lindo ver sólo
un poco de él,
de su camisa blanca.
la camisa blanca era un
importante telón de fondo
sobre el que beber y
por el cual beber.

también escuchabas
el tráfico,
auto por auto,
no escuchabas atentamente,
sino como al descuido.
y era mejor si había llovido
y podías oír los
neumáticos sobre
la calle mojada.

la barra era el mejor
lugar para esconderse.
podías controlar el tiempo,
meterte en él y
no hacer nada.
no necesitabas ningún gurú,
ningún dios.

no esperabas nada
excepto de vos mismo
y nada pierde
quien nada
espera.


LA MUERTE DE UN IDIOTA


le hablaba a los ratones y a los gorriones
y tenía el pelo blanco a los 16.
su padre le pegaba todos los días y su madre
encendía velas en la iglesia.
su abuela llegaba mientras él dormía
y rezaba para que el demonio lo abandonara
mientras su madre escuchaba y lloraba sobre la
biblia.

él no parecía darse cuenta de las chicas
no parecía darse cuenta de los juegos de los muchachos
no había mucho de lo que él pareciera darse cuenta
simplemente no parecía interesado.

tenía una boca muy grande y fea y los dientes salidos
y sus ojos eran pequeños y sin brillo
tenía los hombros caídos y la espalda doblada como la de un viejo.

vivía en nuestro barrio
hablábamos de él cuando nos aburríamos y entonces
pasábamos a cosas más interesantes.
esta vez salía de su casa. nos hubiera gustado torturarlo
pero su padre que era un hombre enorme y terrible
lo torturaba por nosotros.

un día el pibe murió. a los 17 era todavía un pibe.
una muerte en un barrio pequeño se nota enseguida,
y después es olvidada. a los 3 ó 4 días.
pero la muerte de ese pibe pareció quedarse
con todos nosotros. seguíamos hablando de eso
con nuestras voces de hombrecitos
a las 6 de la tarde
justo antes del anochecer y antes de la cena.

y cuando quiera que voy por aquel barrio ahora
décadas más tarde
todavía pienso en su muerte
mientras que he olvidado todas las otras muertes
y las cosas que pasaban
entonces.


MAMÁ

aquí estoy en la tierra
mi boca abierta
y ni siquiera puedo decir
mamá,
y los perros corren y paran y mean
en mi lápida. lo tengo todo
excepto el sol
y mi traje se está arruinando
y ayer los restos de mi brazo izquierdo desaparecieron
quedó muy poco. todo como arpa sin música.
al menos un borracho
en la cama con un cigarrillo
puede movilizar 5 camiones de bomberos y 33 hombres.
yo no
puedo hacer nada.


CONFESIÓN

esperando la muerte
como un gato
que saltará sobre la
cama
estoy tan apenado por
mi esposa
ella verá este
cuerpo
rígido
y blanco
lo sacudirá una vez, entonces
quizá
de nuevo:
"¡Hank!"
Hank no
contestará.
no es mi muerte lo que
me preocupa, es mi esposa
sola con esta
pila de nada.
quiero que sepa
que todas las noches
durmiendo a su lado
incluso las discusiones inútiles
fueron cosas espléndidas
y las duras palabras
que siempre tuve miedo de decir
pueden ahora ser dichas:

te amo.

 
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